Mi hidratación: Por qué dejé la botella y ahora solo uso una vejiga de agua
¡Hola a todos! Hoy quiero hablaros de un cambio en mi equipo que, aunque parezca menor, ha transformado por completo mi ritmo al caminar en caminosinprisa.blogspot.com.
Durante años fui el "clásico de la botella". Llevaba mi cantimplora en el bolsillo lateral de la mochila, pero me di cuenta de un problema: bebía mucho menos de lo que necesitaba.
El problema de la botella: La barrera del esfuerzo
¿Os ha pasado? Tenéis sed, pero como la botella está un poco inaccesible o tenéis que parar la marcha y quitaros la mochila, decidís esperar "un poco más". Al final de la ruta, terminaba con dolor de cabeza por deshidratación.
Por qué me pasé al "camelbak" (vejiga de agua)
Desde que instalé una vejiga de agua en mi mochila, mi forma de hidratarme ha cambiado por tres razones:
1. Hidratación constante: Al tener el tubo justo al lado de la boca, bebo pequeños sorbos cada 10 o 15 minutos sin dejar de caminar.
2. Equilibrio de peso: La vejiga va pegada a la espalda, en el centro. Ya no siento ese balanceo molesto que hace la botella en un lateral.
3. Aprovechamiento del espacio: Se adapta perfectamente a la forma de la mochila, dejando los bolsillos exteriores libres para snacks o el mapa.
¿Hay desventajas?
No todo es perfecto. Limpiarla y secarla lleva más tiempo que una botella normal, pero os aseguro que sentirse con energía y bien hidratado durante toda la ruta compensa con creces esos 5 minutos de limpieza en casa.
¿Y vosotros? ¿Sois del equipo botella o preferís la comodidad del tubo? ¡Espero vuestros comentarios!
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