Si me hubieras visto hace un año caminando con bastones por un sendero completamente plano, probablemente me habrías preguntado dónde me había dejado los esquís. Yo era de los que pensaba que los bastones eran exclusivos para subir el Everest o para cuando las rodillas ya no podían más.
Sin embargo, después de leer varios artículos sobre técnica de marcha, decidí probarlos en mi última ruta por la Ribera de Navarra, en un terreno donde no había ni una sola cuesta. El resultado me dejó con la boca abierta.
Del prejuicio a la realidad
Al principio me sentía un poco extraño. "Es un paseo llano, no los necesito", me decía a mí mismo. Pero a los pocos kilómetros empecé a notar algo diferente. El uso de los bastones transforma una caminata pasiva en un ejercicio de cuerpo completo.
Aquí te cuento los tres beneficios que descubrí y que nadie me había explicado:
El fin de las manos hinchadas: ¿Sabes esa sensación de hormigueo y pesadez en las manos después de andar dos horas? Al mantener los brazos en movimiento y el bombeo constante, mis manos terminaron la ruta igual que empezaron: ligeras.
Un "motor" extra: En llano, los bastones funcionan como propulsores. Noté que mantenía un ritmo constante (mi famoso "crucero") mucho más fácil, casi sin darme cuenta. Mi velocidad media subió casi un kilómetro por hora sin sentir que me esforzaba más.
Higiene postural: Normalmente, cuando nos cansamos en terreno plano, tendemos a encorvar la espalda o a mirar demasiado al suelo. Los bastones me obligaron a mantener la espalda erguida y la mirada al frente. Al final del día, mis lumbares estaban mucho menos cargadas.
¿Merece la pena el "postureo"?
Sé lo que estás pensando: "Parece que voy haciendo marcha nórdica de forma profesional". Y sí, puede que al principio te sientas el centro de las miradas en el sendero, pero la salud de mis articulaciones me importa más que las opiniones ajenas.
He pasado de ver los bastones como un "apoyo para mayores" a verlos como una herramienta de rendimiento. En rutas largas, aunque sean planas, el ahorro de energía en las piernas es brutal porque repartes el esfuerzo con el tren superior.
Mi consejo para probarlos
Si te animas a probarlos en tu próxima ruta llana, asegúrate de ajustarlos a la altura correcta (tu codo debe formar un ángulo de 90 grados). Y sobre todo, no los agarres con fuerza; deja que las dragoneras (las correas) hagan el trabajo por ti.
¿Y tú? ¿Eres de los que piensa que los bastones son solo para la montaña alta o te atreverías a llevarlos en un paseo por el campo? ¡Cuéntame tu opinión abajo, quiero saber si soy el único loco de los bastones en llano!